No sabía por qué había robado las llaves del
médico y se había fugado, pero ahora se alegraba de hacerlo. Había usado a las
otras pacientes como cebo para que entretuviesen a los celadores del edificio
mientras ella escapaba en el coche del hombre al que había encerrado, sin saber
que al hacerlo le había salvado la vida.
La idea de
volver a subirse a un coche, después de recordar lo que había pasado antes de
llegar a aquél lugar, no le gustaba en absoluto. A decir verdad estaba
completamente aterrorizada ante la idea de volver a conducir. ¿Y si Oliver
volvía a aparecer? ¿Y si atropellaba a alguien? ¿Y si no conseguía lo que se
proponía? ¿Y si, de vuelta en el manicomio, la castigaban por haber huido? Una
auténtica oleada de preguntas nublaba su cabeza, amenazando con obligarla a
volver allí. Las preguntas se desvanecieron en cuanto Ella puso en marcha el
motor y se alejó del lugar lo más rápido que pudo; necesitaba recordar el
pasado para poder ayudarla a ella, y para eso no debía seguir estando drogada
por aquella gente; estaba convencida de que Oliver les había influido de alguna
forma, obligándoles a mantenerla en un estado inconsciente todo el tiempo que
fuese posible, pero eso ya había acabado. Ahora era libre.
- Me alegro de
que hayas podido salir de ahí, ¿pero a dónde irás? – preguntó ella.
- No lo sé,
pero tampoco me importa demasiado. Sólo quiero alejarme de este sitio para
poder pensar con claridad. – dijo Ella, intentando prestar atención a la
carretera.
- Necesitas un
sitio donde poder refugiarte, y probablemente cambiarte de ropa para no llamar
la atención. Si supiéramos dónde vivíamos… - dijo ella con tono de
fastidio.
- No importa. –
aseguró Ella con tono calmado. – Ya me
las arreglaré para conseguir todo lo que ahora necesito.
- Pero, ¿qué
harás luego? Has salido de ahí, y eso es un comienzo. – preguntó ella,
expectante.
- Creo que
tengo que ir a buscar a alguien que iba en el coche con nosotras. No sé quién
es, pero creo que es importante. Ahora tengo que centrarme en lo que estoy haciendo,
no quiero volver a…ya sabes. – respondió, despidiéndose.
- Te cuidado.
– pidió con voz tímida.
DELIA:
- Lo primero es salir de esta casa e ir a la ciudad.
– respondió Gato, una vez ella salió de ese trance en el que había entrado.
- ¿La ciudad? – preguntó, mirándolo incrédula.
- Claro. – respondió Cucaracha, acercándose un poco.
– No creerías que sólo hay una casa y un jardín, ¿verdad? – sonrió, o al menos
hizo un gesto parecido.
- Pues…sí. – respondió, tímida. – Pensaba que sólo existían
la casa y el jardín.
- Todo este sitio es una representación del mundo
real, Delia. – respondió Gato, zanjando la cuestión. – Todo lo que había allí,
está aquí. Salvo porque está de forma…diferente, cambiada.
- ¿Cambiada? – preguntó sin entender a qué se
refería.
- Amoldada a las necesidades de Oliver. – respondió
Rata, mirándolos a todos. – Las cosas aquí ya no son lo que parecen, por lo que
tendrás que andar con cuidado de con quién hablas y con quién andas. Puede que
creas que un policía va a ayudarte, pero tal vez sólo quiera hacerte daño.
- ¿Entonces…?
- Eso significa que las cosas no son al contrario
que en el mundo real, Delia. – respondió Gato con voz autoritaria. – No toda la
policía aquí es buena, así como no todos los delincuentes son malos. Tendrás
que ir con mucho cuidado para no caer en sus trampas.
- Eso parece muy difícil. – respondió ella,
intimidada por la perspectiva de enfrentarse a semejante situación.
- No te preocupes, nosotros te ayudaremos cuanto
podamos para que no caigas. Y creo que tu gemela también lo hará, siempre que
esté fuera de peligro. – respondió Rata con tono tranquilizador.
- Tienes que estar preparada para matar cuando sea
necesario. – dijo Gato, mirándola fijamente. – No puedes sentir pena por lo que
veas ahí fuera, porque aun siendo buenos o malos ellos no la sentirán por ti;
no son reales, sólo son copias.
- Lo entiendo. – aseguró ella, decidida.