Guardó
silencio observando cómo actuaba Dalia, casi obsesionado, sin hacer demasiado
caso a las palabras de la enfermera.
- ¿Crees que
quieren hacerte algo malo? – preguntó ella con voz preocupada.
- No estoy del
todo segura, pero creo que puedo decir que no. – dijo Ella sin estar del
todo segura. – Pero tampoco estoy segura
de que quieran ayudarme. Este lugar es demasiado extraño.
- En ese caso
creo que deberías escuchar lo que tienen que decir, para ver si puedes
averiguar algo que te ayude. – dijo ella con tono inseguro, pero
apremiante.
El médico
se acercó un poco hacia Dalia, queriendo recuperar su atención, pero la
enfermera le obligó a pararse en seco, sujetándolo por un brazo.
- ¡Espere, doctor! – susurró en voz baja con miedo.
- ¿Qué me espere? – repitió mirándola estupefacto,
negó con la cabeza. - ¿Cómo puede decirme que me espere? ¡Déjese tonterías!
- Doctor, si la interrumpe ahora le atacará. – dijo
la enfermera mirándolo a los ojos. – Siempre lo ha hecho, no le gusta que la
hagan salir de su mundo feliz.
- Curioso… - susurró el médico mirando a la
enfermera de soslayo. Volvió hacia atrás para devolver el espacio robado.
- ¿Cuánto tiempo suele pasar en ese
estado de retraimiento total?
- No tiene una media – se encogió de hombros con
gesto sencillo.
- ¿Cómo que no tiene una media?
- Pues que no la tiene. – respondió la enfermera un
poco incómoda. – Pasa así el tiempo que quiere; puede durar horas, minutos o
segundos.
- Interesante… - repitió el médico mirándola con
atención. - ¿Y cómo es que nunca habían reportado esta forma de actuar? – no
pudo evitar un ligero tono de reproche, aquél era un caso demasiado extraño
como para llamar su atención.
- Pues porque nunca tuvo un comportamiento violento,
hasta hace un par de días. – respondió la enfermera sin prestar demasiado
interés a la forma de actuar del médico.
- Bueno, pues a partir de ahora quiero que se le
haga un seguimiento exhaustivo al comportamiento de esta paciente. – ordenó
levantándose con desgana para dirigirse hacia la puerta de la habitación.
- Como quiera, doctor. – dijo la mujer saliendo
junto al médico. Por nada del mundo se quedaría allí dentro más tiempo del
necesario.
La puerta
de la habitación se cerró con suavidad, haciendo el menor ruido posible, pero
el suave “clac” al cerrarse fue suficiente para que Ella saliese de su
ensoñación, a causa de que ella le sugiriese que hiciese caso a aquellos dos
hombres. Miró hacia la puerta para buscarlos cuando se percató de que volvía a
estar sola en la habitación, sola y sin saber cómo había llegado allí. Se puso
en pie para acercarse hacia la puerta.
- Maldita sea,
¿a dónde diablos han ido? – se preguntó con cierto nerviosismo. - ¿Por qué se han ido? No sé dónde estoy ni
cómo he llegado, y se han marchado sin más.
- No lo sé,
llámalos a ver qué ocurre – propuso ella con tono tranquilo. – Seguro que aparecerán pronto, tal vez hayan
tenido algo que hacer.
- ¿Y tú, ya
estás a salvo? – preguntó Ella.
- Creo que sí.
Reloj me ha dicho que entre y no parecía estar realmente enfadado. A decir
verdad ni siquiera parecía saber lo que había pasado pero…no estoy segura, no
podría asegurarlo.
- Entonces
creo que lo que más nos conviene es ver qué nos ocurre a ambas, y luego veremos
qué hacer a continuación. – respondió Ella asintiendo con la cabeza
mientras tocaba en la puerta de metal.
Trató de llamar la atención de los que
hubiesen fuera para que la dejasen salir. Sin embargo lo único que consiguió
con aquello fue que el resto de pacientes en las habitaciones empezaran a
gritar.
- Otra vez
vuelta a empezar, estoy harta. – pensó, cansada, dirigiéndose hacia la
habitación de Dalia para volver a contarle la misma historia.