lunes, 10 de marzo de 2014

Centro psiquiátrico

    Nunca pudieron imaginar que los pacientes, normalmente drogados, alguna vez se rebelasen contra ellos. Era demasiado fácil pensar que ellos eran los que tenían el poder y los que podrían mantener a todos bajo el yugo del miedo y el dolor…pero estaban equivocados, y ahora se daban cuenta; siempre llegaba un momento en que el eslabón más débil se rompía, y no siempre se hundía.
    Los pacientes habían plantado cara cuando notaron que fue el momento oportuno, y pudieron coger por sorpresa a los falsos vigilantes, que no esperaban un enfrentamiento directo. Se lanzaron sobre ellos como auténticas fieras, conscientes de que sólo podían vencer o morir, sin importarles en absoluto el daño que infligían, regodeándose del mismo.
Los gritos y las súplicas no tardaron en salir al aire, pero fueron acalladas a fuerza de golpes; la bendita violencia que dominaba hasta el último ápice de razón en aquél maldito sitio por fin acababa de despertar por completo. ¿No querían ellos matarles, y comérselos? Ahora las tornas se habían vuelto, y pensaban disfrutarlo.

- Ya están muertos. – dijo uno de los pacientes entre susurros entrecortados por el esfuerzo.
- ¿Y qué? – preguntó otro, sin parar de patear uno de los cuerpos. – Que no esperen piedad, porque no la iban a tener.
- Que no podemos seguir perdiendo el tiempo con tonterías. – respondió el primero, mirándolo fijamente. - ¿Cuánto crees que tardarán en venir más de estos desgraciados? En cuanto empiecen a impacientarse mandarán a alguien, y seguro que no viene con los puños desnudos.
- Tiene razón, - insistió un tercero. – tenemos que marcharnos de aquí, ahora mismo.
- Bueno, tampoco tenemos tanta prisa. – replicó el segundo aun golpeando los cuerpos inertes, descargando la rabia y la frustración. – Hemos viajado durante un buen rato en ese jodido trasto, creo que estamos bastante lejos del edificio.
- Si tú quieres quedarte, adelante. – respondió el primero del grupo, chasqueando la lengua negando con la cabeza, dándolo por imposible. – Pero yo no pienso quedarme aquí perdiendo el tiempo a esperar a que vengan. Todo esto lo hemos hecho por un solo objetivo: escapar, y eso es lo que pienso hacer.

    Lo vieron alejarse en silencio, sin mirar hacia atrás, y luego se miraron entre ellos. Era cierto que debían escapar de aquél maldito lugar antes de que nadie pudiese darse cuenta de que continuaban con vida, pero no podían romper el grupo. Habían sobrevivido al ataque de los falsos vigilantes, que eran seleccionados entre los pacientes más hostiles, gracias al grupo; ahora no debía ser roto o de lo contrario jamás saldrían de allí con vida.

- Espera, hombre. – llamó uno de ellos con paciencia, comenzando a caminar hacia él. – Todos estamos de acuerdo con que debemos salir de este sitio, pero tenemos que permanecer juntos para poder hacerlo. – sintió alivio cuando vio que los otros dos le seguían también. – No sé por qué, pero creo que no es buena idea que nos separemos. Me siento más seguro así.
- Pues venga. – respondió el primero, con aspereza.

    Ninguno de ellos se había preguntado por qué se sentían a salvo en un grupo de cuatro y por qué no de más gente; dos o tres pacientes que habían pretendido unirse al grupo habían acabado degollados en una habitación por algún motivo que desconocían, sólo sabían que debían ser cuatro.
    En el edificio principal la gran bata blanca continuaba recorriendo los pasillos y las habitaciones, cazando. Los gritos se escuchaban por todas partes, pero no eran capaces de localizarlos; no sabían dónde estaba aquella maldita aberración, y aunque prefiriesen no saberlo la estaban buscando.


- Esto me parece un gran error. – dijo Conrad, rompiendo el silencio. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario