El tono
con el que le había hablado Reloj no le había gustado en absoluto porque no era
propio de él. Reloj no era la persona más comprensiva o cariñosa del mundo,
pero no era artificial ni frío como esa imagen falsa que estaba dando en ese
momento. Delia lo miró en silencio después de que le respondiese de aquella
forma, sosteniéndole la mirada.
- No es él. En
cuanto se ponga un poco nervioso mirará a otro lado, porque poca gente puede
mirarte a la cara como lo hace el verdadero Reloj. – pensaba sin apartar la
mirada.
- ¿En qué
piensas? Te noto preocupada. – dijo la voz de Ella, aquello bastó para
relajarla un poco.
- Este no es
el verdadero Reloj, no es más que una copia barata. – aseguró con tono
firme.
- ¿Para qué
iban a sustituir al auténtico Reloj? Quiero decir, el otro tampoco era
demasiado amable contigo, ¿verdad? No te daba ninguna respuesta. – replicó
Ella.
- Bueno, eso
no lo sé. – confesó a regañadientes. – Pero
quizá estuviese pensando en darme las respuestas, no lo sé. Lo único que sé en
este momento es que este no es el mismo Reloj. – afirmó, de nuevo con tono
seguro.
- ¿Y qué
piensas hacer al respecto? Si no es el verdadero tendrás que buscarlo para que
todo vuelva a la normalidad, ¿no? – preguntó Ella con la intención de que
se lo replantease.
- Pues eso es
exactamente lo que pienso hacer. – respondió ella con un encogimiento de
hombros.
- ¿Y si el
falso Reloj intenta impedírtelo? – preguntó Ella una vez más.
- Entonces lo
mataré. – respondió ella con tono sencillo, incluso alegre. – No sé qué está pasando aquí ni de qué va
todo este circo, pero me he cansado de ser la señorita tímida e insegura. Si
tengo que derramar sangre para conseguir respuestas, lo haré. – esbozó una
sonrisa afilada.
- Vaya, eso es
un poco…extremo, ¿no crees? – preguntó, consciente de que lo haría.
- Tal vez,
pero no me importa. No me importa nada en absoluto; ya te lo he dicho, ya me he
hartado de dejar que todos estos extraños seres me pisen por no ser capaz de
ponerme en mi lugar. A partir de ahora quien no quiera colaborar se habrá
metido en un buen lío. – aseguró de nuevo con firmeza.
- Ten cuidado.
Rata te advirtió de que la noche y el día tienen caras opuestas, pero son lo
mismo. Creo que lo que quería decir era que, dependiendo del entorno, una de
esas criaturas querrá ayudarte o perjudicarte. – respondió Ella.
- Lo tendré en
cuenta.
Cuando
terminó de hablar con Ella se percató de que se encontraba sola en el salón,
Reloj se había marchado y ella no se
había dado cuenta. – Tengo que encontrar
un arma con la que poder amenazar y defenderme. – se dijo mirando a su
alrededor con cierto nerviosismo. La idea más sencilla y evidente era ir a la
cocina a por un cuchillo afilado, pero en aquella maldita casa no había cocina.
– Tal vez sea porque a estos seres se les
mate de otra manera. – pensó mientras avanzaba sin rumbo por los pasillos
de la casa sin prestar atención a las puertas cerradas que habían cada pocos
metros.
En otro
lugar de la casa dos criaturas escuchaban en silencio lo que ella decía en su
mente y se miraban con codicia,
satisfechas de lo que estaba pasando y de lo que iba a pasar.
- Tenemos que ir a presentarnos ante ella, y
ofrecerle nuestra ayuda. – dijo una de las voces con ímpetu.
- Todavía no. – respondió otra, frenando a la
primera. – Recuerda que nuestro aspecto no es el mejor para conseguir que la
gente se fíe de nosotros. Si vamos ahora y hablamos con ella no hará otra cosa
que desconfiar y se marchará. – aseguró, con tono pomposo.
- Cierto, de nosotros desconfiaría. Nadie se fía
nunca de nosotros...pero Gato podría convencerla, ¿no? – habló otra voz con
tono impaciente y nervioso.
- Sí, podría. – respondió la segunda voz con el
mismo tono pomposo.
- ¿Pero quién le pone el cascabel al gato? – preguntó
la primera voz, y todas rieron.
Delia
continuó avanzando por los pasillos en busca de algo que pudiese servirle como
arma cuando se encontró con un gato negro que dormía en el pasamanos de la
escalera.
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