martes, 11 de marzo de 2014

Delia en el país de la oligofrenia [17]

    El tono con el que le había hablado Reloj no le había gustado en absoluto porque no era propio de él. Reloj no era la persona más comprensiva o cariñosa del mundo, pero no era artificial ni frío como esa imagen falsa que estaba dando en ese momento. Delia lo miró en silencio después de que le respondiese de aquella forma, sosteniéndole la mirada.

- No es él. En cuanto se ponga un poco nervioso mirará a otro lado, porque poca gente puede mirarte a la cara como lo hace el verdadero Reloj. – pensaba sin apartar la mirada.
- ¿En qué piensas? Te noto preocupada. – dijo la voz de Ella, aquello bastó para relajarla un poco.
- Este no es el verdadero Reloj, no es más que una copia barata. – aseguró con tono firme.
- ¿Para qué iban a sustituir al auténtico Reloj? Quiero decir, el otro tampoco era demasiado amable contigo, ¿verdad? No te daba ninguna respuesta. – replicó Ella.
- Bueno, eso no lo sé. – confesó a regañadientes. – Pero quizá estuviese pensando en darme las respuestas, no lo sé. Lo único que sé en este momento es que este no es el mismo Reloj. – afirmó, de nuevo con tono seguro.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto? Si no es el verdadero tendrás que buscarlo para que todo vuelva a la normalidad, ¿no? – preguntó Ella con la intención de que se lo replantease.
- Pues eso es exactamente lo que pienso hacer. – respondió ella con un encogimiento de hombros.
- ¿Y si el falso Reloj intenta impedírtelo? – preguntó Ella una vez más.
- Entonces lo mataré. – respondió ella con tono sencillo, incluso alegre. – No sé qué está pasando aquí ni de qué va todo este circo, pero me he cansado de ser la señorita tímida e insegura. Si tengo que derramar sangre para conseguir respuestas, lo haré. – esbozó una sonrisa afilada.
- Vaya, eso es un poco…extremo, ¿no crees? – preguntó, consciente de que lo haría.
- Tal vez, pero no me importa. No me importa nada en absoluto; ya te lo he dicho, ya me he hartado de dejar que todos estos extraños seres me pisen por no ser capaz de ponerme en mi lugar. A partir de ahora quien no quiera colaborar se habrá metido en un buen lío. – aseguró de nuevo con firmeza.
- Ten cuidado. Rata te advirtió de que la noche y el día tienen caras opuestas, pero son lo mismo. Creo que lo que quería decir era que, dependiendo del entorno, una de esas criaturas querrá ayudarte o perjudicarte. – respondió Ella.
- Lo tendré en cuenta.

    Cuando terminó de hablar con Ella se percató de que se encontraba sola en el salón, Reloj  se había marchado y ella no se había dado cuenta. – Tengo que encontrar un arma con la que poder amenazar y defenderme. – se dijo mirando a su alrededor con cierto nerviosismo. La idea más sencilla y evidente era ir a la cocina a por un cuchillo afilado, pero en aquella maldita casa no había cocina. – Tal vez sea porque a estos seres se les mate de otra manera. – pensó mientras avanzaba sin rumbo por los pasillos de la casa sin prestar atención a las puertas cerradas que habían cada pocos metros.
    En otro lugar de la casa dos criaturas escuchaban en silencio lo que ella decía en su mente  y se miraban con codicia, satisfechas de lo que estaba pasando y de lo que iba a pasar.

- Tenemos que ir a presentarnos ante ella, y ofrecerle nuestra ayuda. – dijo una de las voces con ímpetu.
- Todavía no. – respondió otra, frenando a la primera. – Recuerda que nuestro aspecto no es el mejor para conseguir que la gente se fíe de nosotros. Si vamos ahora y hablamos con ella no hará otra cosa que desconfiar y se marchará. – aseguró, con tono pomposo.
- Cierto, de nosotros desconfiaría. Nadie se fía nunca de nosotros...pero Gato podría convencerla, ¿no? – habló otra voz con tono impaciente y nervioso.
- Sí, podría. – respondió la segunda voz con el mismo tono pomposo.
- ¿Pero quién le pone el cascabel al gato? – preguntó la primera voz, y todas rieron.


    Delia continuó avanzando por los pasillos en busca de algo que pudiese servirle como arma cuando se encontró con un gato negro que dormía en el pasamanos de la escalera. 

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