lunes, 17 de marzo de 2014

Centro psiquiátrico

    El grupo de pacientes se alejaba del centro psiquiátrico sin mirar atrás, impulsados por la promesa de una vida mejor; podrían volver a cometer sus locuras con total libertad sin estar sometidos a la voluntad de un grupo de locos que, tiempo atrás, logró rebelarse contra los trabajadores de un manicomio y lo sustituyó para continuar llevando a cabo horrores.
    Había algo malo en aquél maldito lugar, y no sólo ellos mismos, algo que había potenciado la violencia de aquellos hombres y mujeres hasta el punto de que cometiesen atrocidades. Huían de aquello que sabían que había envenenado las mentes de los pacientes… ¿pero era lo correcto? Algunos en el grupo se lo preguntaban en silencio a cada paso que daban.
    Cuanto más se alejaban de aquél edificio oscuro y sombrío mejor se sentían, como si se estuviesen alejando de un lugar que los ponía enfermos. No pudieron dejar de ver algunos edificios más, mucho más pequeños, salpicados en el páramo.
    Los habían oído nombrar de labios de Beaumont y Burche pero no sabían que había allí dentro, tampoco querían saberlo.

- ¡Libres! – exclamó uno, llenándose los pulmones con aire.
- Todavía no. – negó otro, chasqueando la lengua. – No hemos salido de este lugar, aún pueden atraparnos.
- ¿Quién? – preguntó negando con la cabeza. – Ya nos hemos encargado de esa panda de estúpidos.
- Hay algo en este sitio peor que Burche y sus secuaces, peor incluso que el falso director. – insistió con tono frío. – Y no pienso quedarme para descubrir quién o qué es.
- Tonterías. ¿No lo sentís? Cada paso que damos estamos más limpios. – insistió con optimismo.
- Exactamente, amigo. Cuanto más nos alejamos del centro más limpios estamos, por lo que en el centro hay algo que nos tenía intoxicados. – hablaba con demasiada seguridad como para ser una opinión sin más, era como si hablase con auténtico conocimiento. – No me preguntéis el qué, porque no tengo intención de averiguarlo.
- ¿Y qué creéis que hay ahí? – preguntó un tercero, señalando uno de los edificios.
- No lo sé, pero tampoco tengo intención de descubrirlo. – respondió una vez más el segundo, negando con la cabeza.
- Bueno, deberíamos ver si hay agua ahí dentro. – dijo el cuarto, con voz nerviosa. – Quiero decir…llevamos horas caminando, tengo sed y hambre estoy cansado. Creo que deberíamos hacer una pequeña parada para descansar.

    El grupo guardó silencio, mirándolo. Era cierto que llevaban horas caminando sin detenerse, y empezaban a acusar el cansancio y la falta de agua. Tenían que parar en algún lugar e intentar reponerse antes de volver a continuar camino, pero a ninguno le hacía especial ilusión entrar en uno de esos lugares de los que aquellos dos hablaban con tanto énfasis; podían encontrar con cualquier cosa allí dentro.

- ¿Y si hay más gente? – preguntó uno, negando con la cabeza. – No creo que debamos arriesgarnos a que nos vuelvan a atraparnos.
- Si hay gente, los matamos. – respondió el cuarto sin rastro de nervios o miedo en la voz, sustituidos por júbilo irracional.
- Es una opción… - susurró el segundo, sopesando las palabras seriamente. – Necesitamos agua, o no llegaremos a ninguna parte.
- No lo sé. – negó el primero con duda. No sabía exactamente por qué, pero no quería entrar ahí. Sin embargo sabía que tenían razón, debían buscar agua. – Está bien…pero con cuidado, ¿entendido? Sin separarnos, y atentos a todo lo que haya allí.


    Avanzaron hacia el edificio en silencio, en busca de agua y alimento. 

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