lunes, 17 de marzo de 2014

Delia en el país de la oligofrenia [23]

    Quedó estupefacta cuando Gato le dijo que la voz con la que hablaba, y en la que sentía que podía confiar, era la de su gemela. Una vez más un torrente de emociones y preguntas la sacudía con fuerza suficiente como para tumbarla. Tragó saliva, tratando de pensar qué hacer o qué decir a continuación.
    Permaneció en silencio mirando a los tres uno por uno, incapaz de articular palabra. Si todo aquello no era más que una broma pesada…sería demasiado cruel para ser una broma, o al menos esperaba que ellos pensasen así. ¿Sería de verdad su gemela?
    Cerró los ojos esforzándose en no permitir que las lágrimas comenzaran a rodar por sus mejillas en una silenciosa carrera suicida. Tenía ganas de huir de aquél maldito ático donde se encontraba ahora, pero sabía que sería imposible; de alguna forma sabía que ellos tenían razón y que su voz pertenecía a su gemela.

- ¿Qué sucede? Te noto demasiado nerviosa. – preguntó Ella.
- Bueno, no te lo creerías. – sonrió un poco, con gesto cansado. – Pero, al parecer, somos hermanas gemelas, ¿qué te parece?
- ¿Gemelas? – preguntó incrédula. – Pero, ¿cómo es posible? Quiero decir, si tuviese una hermana gemela…creo que lo recordaría, ¿no crees?
- No lo sé, ahora mismo no sé lo que pienso. Tendría cierto sentido, ¿no? Las dos podemos hablar aunque estemos en mundos lugares distintos. – dijo ella con tono bajo y pensativo.

    El improvisado grupo escuchó la palabra que había pronunciado en voz alta y se miró con nerviosismo, incómodo. Delia se había encerrado en una especie de conversación interna y estaba completamente expuesta, si pretendían acabar con Oliver debían evitar eso.

- Bueno, ¿qué está haciendo? – preguntó finalmente Cucaracha, incapaz de mantener el silencio.
- Yo diría que está hablando con alguien, ¿no? – murmuró Rata con voz suave, casi temerosa de molestar aquella conversación. – Pero, ¿nos estará haciendo caso? ¿Nos escuchará? – preguntó con cierto nerviosismo, mirándola de medio lado.
- No lo creo, viejo. Sea lo que sea lo que está haciendo, debe ser bastante interesante. – respondió Cucaracha con una sonrisilla divertida.
- Está hablando con su gemela. – aseguró Gato con voz firme que reclamaba silencio.
- ¿Vas a hablarle de…ya sabes? – preguntó Cucaracha de nuevo.

    En aquél momento Delia había dejado de hablar con Ella ya que su…gemela había roto el vínculo de forma repentina, eso no le gustó en absoluto.

- ¿Hablarme de qué? – preguntó mirándolos con una sonrisa tímida. Sentía como si los hubiese estado espiando ella.
- Bueno de…de nada. – respondió Cucaracha mirando a su alrededor como si buscase una salida por la que huir.
- Bien hecho, genio. – susurró Rata con tono de reproche.
- No podéis darme una información a medias y pretender salir de rositas. – replicó ella, cruzándose de brazos. – Me habéis dado algunas respuestas, pero me dais también preguntas.
- Oliver no sólo te separó de tu gemela, Delia. – dijo Gato con voz suave pero firme. – También te arrancó otra cosa…algo que para ti era muy preciado.

    Guardó silencio, mirándola. Delia sintió por un momento que se le helaba el corazón, imaginaba de qué se trataba; daría sentido a ese dolor simulado que sentía en el pecho de vez en cuando. Explicaría esa extraña sensación de soledad que la perseguía como su sombra.

- ¿Y bien? – dijo para animarle a que continuase hablando, aunque no estaba muy segura de querer oírlo.

- El amor, Delia. Oliver te ha robado el amor. – respondió Gato con seriedad. – Te ha desarmado todo cuanto ha podido para evitar que te enfrentes a él. 

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