Quedó
estupefacta cuando Gato le dijo que la voz con la que hablaba, y en la que
sentía que podía confiar, era la de su gemela. Una vez más un torrente de
emociones y preguntas la sacudía con fuerza suficiente como para tumbarla.
Tragó saliva, tratando de pensar qué hacer o qué decir a continuación.
Permaneció
en silencio mirando a los tres uno por uno, incapaz de articular palabra. Si
todo aquello no era más que una broma pesada…sería demasiado cruel para ser una
broma, o al menos esperaba que ellos pensasen así. ¿Sería de verdad su gemela?
Cerró los
ojos esforzándose en no permitir que las lágrimas comenzaran a rodar por sus
mejillas en una silenciosa carrera suicida. Tenía ganas de huir de aquél
maldito ático donde se encontraba ahora, pero sabía que sería imposible; de
alguna forma sabía que ellos tenían razón y que su voz pertenecía a su gemela.
- ¿Qué sucede?
Te noto demasiado nerviosa. – preguntó Ella.
- Bueno, no te
lo creerías. – sonrió un poco, con gesto cansado. – Pero, al parecer, somos hermanas gemelas, ¿qué te parece?
-
¿Gemelas? – preguntó incrédula. – Pero, ¿cómo es posible? Quiero decir, si tuviese una hermana
gemela…creo que lo recordaría, ¿no crees?
- No lo sé,
ahora mismo no sé lo que pienso. Tendría cierto sentido, ¿no? Las dos podemos
hablar aunque estemos en mundos lugares
distintos. – dijo ella con tono bajo y pensativo.
El
improvisado grupo escuchó la palabra que había pronunciado en voz alta y se
miró con nerviosismo, incómodo. Delia se había encerrado en una especie de
conversación interna y estaba completamente expuesta, si pretendían acabar con
Oliver debían evitar eso.
- Bueno, ¿qué está haciendo? – preguntó finalmente
Cucaracha, incapaz de mantener el silencio.
- Yo diría que está hablando con alguien, ¿no? –
murmuró Rata con voz suave, casi temerosa de molestar aquella conversación. –
Pero, ¿nos estará haciendo caso? ¿Nos escuchará? – preguntó con cierto
nerviosismo, mirándola de medio lado.
- No lo creo, viejo. Sea lo que sea lo que está
haciendo, debe ser bastante interesante. – respondió Cucaracha con una
sonrisilla divertida.
- Está hablando con su gemela. – aseguró Gato con
voz firme que reclamaba silencio.
- ¿Vas a hablarle de…ya sabes? – preguntó Cucaracha
de nuevo.
En aquél
momento Delia había dejado de hablar con Ella ya que su…gemela había roto el
vínculo de forma repentina, eso no le gustó en absoluto.
- ¿Hablarme de qué? – preguntó mirándolos con una
sonrisa tímida. Sentía como si los hubiese estado espiando ella.
- Bueno de…de nada. – respondió Cucaracha mirando a
su alrededor como si buscase una salida por la que huir.
- Bien hecho, genio. – susurró Rata con tono de
reproche.
- No podéis darme una información a medias y
pretender salir de rositas. – replicó ella, cruzándose de brazos. – Me habéis
dado algunas respuestas, pero me dais también preguntas.
- Oliver no sólo te separó de tu gemela, Delia. –
dijo Gato con voz suave pero firme. – También te arrancó otra cosa…algo que
para ti era muy preciado.
Guardó
silencio, mirándola. Delia sintió por un momento que se le helaba el corazón,
imaginaba de qué se trataba; daría sentido a ese dolor simulado que sentía en
el pecho de vez en cuando. Explicaría esa extraña sensación de soledad que la
perseguía como su sombra.
- ¿Y bien? – dijo para animarle a que continuase
hablando, aunque no estaba muy segura de querer oírlo.
- El amor, Delia. Oliver te ha robado el amor. –
respondió Gato con seriedad. – Te ha desarmado todo cuanto ha podido para
evitar que te enfrentes a él.
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