martes, 18 de marzo de 2014

Delia en el país de la oligofrenia [24]

- ¿Me ha desarmado cuanto ha podido para evitar que me enfrente a él? – se dijo en pensamientos, dubitativa. No podía creer todo lo que Gato acababa de decirle, aunque sonase demasiado convincente.
- ¿De qué hablas? – preguntó Ella con curiosidad, atenta a las palabras que ella se decía a sí misma.
- Al parecer no sólo somos gemelas, sino que ese tal Oliver me ha robado el amor para que no pueda enfrentarme a él. – respondió tras un instante de duda. Quería hablar consigo misma, sin que nadie se entrometiese en sus pensamientos, pero Ella había preguntado.
- ¿Tú que crees? – preguntó Ella sin hacer caso del tono de ella.
- No lo sé, ése es el problema. – suspiró. – Todo suena muy real y ellos parecen creer lo que dicen… ¿pero y si nada de esto es real? ¿Y si todo no es más que una simple pesadilla?
- ¿A ti te lo parece? – preguntó demasiado deprisa.
- No, no me lo parece. ¿Pero cómo puedo explicar que esté hablando contigo, si estás en otro mundo? Tú crees que eres real tanto como yo, así que ¿cuál es la real y cuál la imaginación? Todo esto es tan real para mí como para ti, y eso me confunde. – replicó ella, poniéndose de mal humor.
- Tal vez los dos mundos sean reales, o los dos inventados. – respondió Ella con tono tranquilo. – Podría ser, ¿no? Ambas tenemos la sensación de estar en el lugar real, ¿por qué una iba a estar equivocada?
- ¿Tú también te lo crees? – preguntó ella negando con la cabeza suavemente, indecisa.
- No he dicho que me lo crea, sólo digo que es una posibilidad que deberías tener en cuenta. De todas formas creo que da igual que este sitio sea real o no, creo que lo importante ahora es que decidas qué vas a hacer. ¿Vas a enfrentarte a Oliver? – no pudo evitar sonar un tanto áspera, directa.
- ¿Por qué todos os empeñáis en que me enfrente a ese tipo? – preguntó ella a su vez, cansada.
- Porque eres tú la única que está en disposición de hacerlo. Creo que yo puedo ayudarte de vez en cuando, pero no puedo enfrentarme a nadie de ese mundo porque yo también estoy encerrada en el mío. Y ellos, los que te acompañan, no parecen ser muy capaces de enfrentarse a nadie. – respondió Ella usando de nuevo un tono suave y amigable. – Sólo depende de ti el que acabes con ese dictador extraño, quizá así puedas resolver todo este asunto y que volvamos al mundo real…si es que existe alguno.

    Escuchó las palabras de Ella con total atención, esperando exactamente esa respuesta sin querer oírla. Todo se reducía a eso, a pelear. No es que ella fuese de naturaleza violenta, le gustaba pensar que era todo lo contrario, pero no podía negar que de vez en cuando sentía el deseo imparable de hacer daño a la gente; fuese por miedo, por rabia o porque no tenía más opciones.
    Cerró los ojos frotándose las sienes, tratando de evadirse de los dos malditos mundos. Sólo necesitaba un segundo de paz para poder pensar con tranquilidad, si tenía que tomar una opción de las dos que le habían dado quería al menos pensárselo bien para no arrepentirse.
    Finalmente llegó a una conclusión y se sintió en calma. Abrió lentamente los ojos, desconectándose de Ella y sus palabras, y miró fijamente a Gato, Rata y Cucaracha. Ellos miraban en un silencio que rayaba el fanatismo religioso, expectantes a lo que ella hiciese o estuviese a punto de decir; sentían que, por fin, iban a obtener una respuesta. Con suerte sería la respuesta que ellos querían oír.

- ¿Y bien? – preguntó Cucaracha rompiendo el silencio, incapaz de continuar con la boca cerrada.
- Lo haré. – respondió ella, decidida. – Me enfrentaré a Oliver y le haré lamentarse de habernos encerrado a todos aquí.

    Todos se sintieron contentos con la respuesta, y asintieron despacio. Rata y Cucaracha se alejaron de ella, habían dicho que iban a buscar algo que darle; algo que, según habían dicho, le gustaría mucho. Algo afilado, la idea le gustaba.

- Gato. – llamó con voz suave.
- ¿Sí? – preguntó, mirándola de medio lado.
- Si derrotamos a Oliver… ¿podremos volver al mundo real? – preguntó con miedo de la respuesta.

- No lo sé. – respondió Gato con tono serio. – Nadie le ha plantado cara hasta ahora. 

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