El
silencio volvió a reinar durante un momento mientras Oliver continuaba rondando
por aquél lugar. Delia podía sentir claramente el pulso acelerado y la
respiración agitada que trataba de controlar sin conseguirlo. ¿Qué diablos
había pasado para llegar a ese punto? Todo habría sido más fácil si aquellos
malditos…seres hubiesen respondido sin darle tantas evasivas. Lo que más echaba
en falta era no poder hablar con Ella, la necesitaba; sabía que Ella podría
darle una respuesta clara o un buen consejo sobre lo que debía hacer a
continuación, pero si lo hacía entonces Oliver los descubriría, y ella no
quería eso.
- No deberías tenerlo, Delia. – dijo Rata con voz
suave, cercana a ella.
- ¿Que no? – preguntó ella incrédula. - ¿Por qué no
debería tenerle miedo a esa…cosa? ¡Acaba de aparecer de la nada y dice que
quiere cogerme!
- No deberías tenerle tanto miedo, porque él también
te lo tiene a ti. – respondió Rata con tono seguro. - ¿Por qué crees que ha
montado todo este circo? Quiere tenerte aquí, encerrada, para que no puedas
entrometerte en sus planes y sus ideas; quiere que se te acabe el tiempo y que
te acabes convirtiendo en una de nosotros para poder vivir sin el miedo de que
le mates elimines.
La
información era valiosa, desde luego, pero había sido tan contundente que
sintió como si la golpeasen con un mazo enorme. Tuvo que cerrar los ojos un
momento para intentar aclarar la mente y poder asimilar lo que Rata le acababa
de decir.
Fuera,
Oliver continuaba caminando por el jardín, buscándola. Sin embargo los pasos ya
eran cada vez más lentos y espaciados entre sí; se estaba cansando de mirar sin
resultado.
- ¿Cómo puede tenerme miedo a mí, si ni siquiera
sabía dónde diablos estaba, hasta hace un par de minutos? – preguntó, negando
con la cabeza. – Si es una broma, no ha tenido gracia.
- Puedes creerme o puedes no hacerlo, eso es
decisión tuya, así como puedes creer que la luz y la oscuridad tienen caras
distintas y opuestas entre sí, pero al mismo tiempo son la misma, - dijo Rata
con paciencia. – pero debes admitir que no ha tardado nada en venir aquí para
ver quién había desafiado las reglas. Si cualquiera de nosotros lo hubiese
hecho se habría limitado a castigarnos sin más, pero estando tú aquí…no puede
arriesgarse a enviar a algunos de sus esbirros, podrían fallar y tú podrías
conseguir muchas más respuestas.
- ¿Estás diciendo que yo podría…derrotarlo? –
preguntó, de nuevo incrédula, negando con la cabeza mientras chasqueaba la
lengua. – Lo siento, ratón, pero me resulta imposible pensar en algo así, yo no
puedo enfrentarme a nadie. Yo…yo… - negó con la cabeza.
- Evidentemente no puedes enfrentarte a ellos en
este momento, no eres consciente de lo que eres capaz y eso él puede aprovecharlo
en su favor. Tienes que aprender más…y tienes que descubrir en quién puedes
confiar y en quién no, porque algunos te dirán la verdad y otros te mentirán
para ayudar a Oliver.
De nuevo
la información cayó como un cañonazo demoledor. ¿Sería cierto que no podría
fiarse de todos los que habían en el jardín? Si ratón tenía razón y algunos le
mentirían para ponerla en una mala situación…eso significaba que el propio
ratón podría estar mintiéndole, ¿eso era posible? Suponía que sí pero…¿por qué
contarle entonces todo lo que le estaba contando?
No pudo
evitar mirar a ratón de forma distinta en ese momento, desconfiando de lo que
pudiese suceder. Ratón pareció esbozar una sonrisa divertida.
- No te preocupes, no te culpo por desconfiar. –
dijo con tono divertido. – Entiendo que lo hagas, y me alegro de que lo hagas.
Ahora debo irme, Delia. Piensa en todo lo que te he dicho.
- ¡No, espera! – exclamó Delia, repentinamente
asustada. – Por favor, ratón, no me dejes aquí sola…
No sirvió
de nada, escuchó perfectamente cómo Rata echaba a correr hacia el interior del
porche, adentrándose en la oscuridad,
alejándose del lugar. Se sintió sola y asustada, escuchando los pasos de Oliver
cada vez más lejos.
- Volveré, pequeño parásito, y te encontraré. –
exclamó, antes de irse.
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