martes, 25 de marzo de 2014

El viajero

  Continuamos un poco con el pequeño desvarío que escribí hace algún tiempo sobre el hombre que despierta en una habitación vacía y se encuentra con algo que no espera al entrar en otra. 

PD: No sé si esperabais la continuación de Delia o el de Centro psiquiátrico o si se os hará demasiado corto esta entrada, pero no me encuentro demasiado animado en estos momentos. 

 --- Relato ---


       Trató de calmarse y de racionalizar de alguna manera lo que acababa de ver en aquella habitación, pero le resultaba completamente imposible. ¿Qué clase de pesadilla era aquella? Las siluetas que logró distinguir no eran en absoluto humanas, aunque fuese imposible que no lo fueran, ¿qué otro animal tenía la capacidad de hablar un idioma, y de caminar erguido? Que él supiera, ninguno.
    Cerró los ojos tratando de calmarse, obligándose a hacerlo, dispuesto a dar una explicación lógica y coherente a lo que estaba pasando en aquél maldito sitio. Una resaca, eso debía de ser; la noche anterior debió beber más de la cuenta, aunque no recordaba nada, y ahora veía visiones extrañas de criaturas imposibles. Como no había visto cómo eran en realidad su mente ahora jugaba a darles formas caprichosas.
    Se le heló la sangre cuando escuchó que alguien tocaba en la puerta que había justo tras él, debían de ser las criaturas.
- Sabemos que te encuentras confuso, y probablemente asustado. – dijo la voz femenina con suavidad. – Lo comprendemos, nosotros también nos sentiríamos de la misma forma si fuésemos quienes hubiesen despertado sin recordar su pasado.
- Abre la puerta, humano. – pidió la voz masculina con el mismo tono suave y comprensivo. – Comenzaremos a explicarte qué está pasando aquí, cómo has llegado y qué necesitamos que hagas por nosotros.
- ¿Humano? – replicó él, incrédulo. – Ya está bien de tanta bromita, ¿no? Dejaos de tonterías y quitaos esos estúpidos disfraces, Halloween pasó hace unos meses. – hizo un esfuerzo por sonar lo suficientemente tranquilo.
    Las voces guardaron silencio tras la puerta y él supo instintivamente que estaban planteándose la posibilidad de entrar en aquella habitación por la fuerza, eso le asustó. Recorrió la estancia con ojos nerviosos en busca de algo que usar como arma para defenderse, sin conseguirlo.
- Por favor, humano, no nos pongas las cosas más difíciles. – pidió la voz femenina.
- No podemos perder demasiado tiempo con tonterías. – replicó la masculina, un poco más impaciente. 

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