Continuamos un poco con el pequeño desvarío que escribí hace algún tiempo sobre el hombre que despierta en una habitación vacía y se encuentra con algo que no espera al entrar en otra.
PD: No sé si esperabais la continuación de Delia o el de Centro psiquiátrico o si se os hará demasiado corto esta entrada, pero no me encuentro demasiado animado en estos momentos.
--- Relato ---
Trató de calmarse y de racionalizar de
alguna manera lo que acababa de ver en aquella habitación, pero le resultaba
completamente imposible. ¿Qué clase de pesadilla era aquella? Las siluetas que
logró distinguir no eran en absoluto humanas, aunque fuese imposible que no lo
fueran, ¿qué otro animal tenía la capacidad de hablar un idioma, y de caminar
erguido? Que él supiera, ninguno.
Cerró los ojos tratando de calmarse,
obligándose a hacerlo, dispuesto a dar una explicación lógica y coherente a lo
que estaba pasando en aquél maldito sitio. Una resaca, eso debía de ser; la
noche anterior debió beber más de la cuenta, aunque no recordaba nada, y ahora
veía visiones extrañas de criaturas imposibles. Como no había visto cómo eran
en realidad su mente ahora jugaba a darles formas caprichosas.
Se le heló la sangre cuando escuchó que
alguien tocaba en la puerta que había justo tras él, debían de ser las
criaturas.
- Sabemos que te encuentras
confuso, y probablemente asustado. – dijo la voz femenina con suavidad. – Lo comprendemos,
nosotros también nos sentiríamos de la misma forma si fuésemos quienes hubiesen
despertado sin recordar su pasado.
- Abre la puerta, humano. – pidió
la voz masculina con el mismo tono suave y comprensivo. – Comenzaremos a
explicarte qué está pasando aquí, cómo has llegado y qué necesitamos que hagas
por nosotros.
- ¿Humano? – replicó él, incrédulo.
– Ya está bien de tanta bromita, ¿no? Dejaos de tonterías y quitaos esos estúpidos
disfraces, Halloween pasó hace unos meses. – hizo un esfuerzo por sonar lo
suficientemente tranquilo.
Las voces guardaron silencio tras la puerta
y él supo instintivamente que estaban planteándose la posibilidad de entrar en
aquella habitación por la fuerza, eso le asustó. Recorrió la estancia con ojos
nerviosos en busca de algo que usar como arma para defenderse, sin conseguirlo.
- Por favor, humano, no nos
pongas las cosas más difíciles. – pidió la voz femenina.
- No podemos perder demasiado
tiempo con tonterías. – replicó la masculina, un poco más impaciente.
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