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martes, 11 de marzo de 2014

Centro psiquiátrico

- No eres el único al que se lo parece, te lo prometo. – replicó Beaumont con tono irónico.
- Quiero decir… ¿por qué se supone que tenemos que ser nosotros los que se encarguen, otra vez, de intentar encerrarla? Ya tuve suficiente con la primera vez que la vi. No necesito una segunda vez para volverme más loco de lo que ya estamos. – insistió Burche con tono inseguro.
- No hace falta que lo jures, ya veo que te da auténtico miedo. Sin embargo no has dudado un momento en aliarte con ella para matarme. – dijo Roldán con una sonrisa divertida en los labios, no había ápice de reproche en sus palabras.
- Bueno, ya me había cansado de que fueses tú el que se divertía. – se encogió de hombros sin más. – Pensé que era hora de renovar la sangre de este sitio, y darle un cambio de imagen. Quizá hubiese sido un bonito coto de caza privado. – sonrió.
- Tal vez. – asintió Beaumont, convencido. – La verdad es que hay una buena extensión de terreno hasta cualquier salida, se podrían organizar unas bonitas y divertidas jornadas de caza.
- Y se harán, no os preocupéis. Soy yo la que os está cazando en este momento, ¿recordáis? Claro que lo hacéis. – dijo la voz femenina de la gran bata blanca, aquello les provocó un escalofrío a ambos.
- Démonos prisa. – susurró Burche.

    Se la dieron; tenían que avanzar hacia el sótano del edificio para poder encontrar la sala de calderas  y buscar la forma de volarla. No era seguro que con eso lograsen encerrarla, por no decir que no estaban seguros de que siquiera provocasen un derrumbamiento, pero era la mejor opción de que disponían.

- Por favor, dime que sólo fuiste tú el que desconectó la luz. – pidió Beaumont en un susurro.
- Sí, he sido sólo yo, ¿pero qué más da eso? – preguntó Conrad mirándolo de soslayo sin comprender, cosa que no sorprendió en absoluto al otro.
- Si pusiste a alguien al cargo de proteger que la luz estuviese apagada, vamos listos. – respondió Beaumont con tono sarcástico.
- Si hubiese puesto a alguien al cargo de eso, daría igual. Nos vería llegar a ambos y cumpliría a tus órdenes o las mías. – replicó Burche con un encogimiento de hombros.
- Si pusiste a alguien al cargo de eso, pedazo de alcornoque, lo más probable es que ella se hubiese encargado de convencerle de que nos mate. – dijo Roldán mirándolo fijamente.
- Aunque así fuera, somos dos y él sólo sería uno. – insistió Burche con otro encogimiento de hombros sencillo.
- A menos que ese hombre hubiese llamado a media docena más, o incluso a dos docenas. – replicó Beaumont, incapaz de creer lo que estaba oyendo.
- En cuyo caso no podríamos hacer gran cosa, y acabarían matándonos o entregándonos a ella. – replicó Burche, cansado. – Por lo que tampoco tendría mucho sentido preocuparse por eso, ¿no crees? – preguntó ahora con tono sarcástico él.
- Pues…tienes razón. – asintió, tras un breve silencio.

    La risa de la gran bata blanca volvió a resonar por el pasillo. Avanzaron en silencio entre aquellas paredes llenas de pintadas y dibujos, llenas de un simbolismo extraño y desconocido; símbolos que no habían visto antes, y cuya escritura era reciente. Tan reciente, que la “pintura” aún chorreaba por la pared dejando sinuosos y oscuros surcos. La temperatura comenzaba a bajar a cada paso que daban, y sabían perfectamente a qué se debía eso; y no les gustaba en absoluto.

- Creo que lo más inteligente sería buscar la carretera por la que se fue el autobús, y seguirla. – propuso uno con tono nervioso.

- Nos arriesgaríamos a que nos encontrasen, o a acabar volviendo al edificio por error. – negó otro con la cabeza. – No pienso arriesgarme a eso, iremos campo a través. 

jueves, 6 de marzo de 2014

Improvisando II

Continuamos con el día perro, pero lleno de sorpresas. Bueno, quizá no lleno pero sí con alguna sorpresa bastante agradable: ¡si escribís agapeliterario en google salgo en primera página! No sé si es muy difícil salir porque sólo busque esa palabra junta, o salga una nube de tags de agape y literario al mismo tiempo, pero a mí me ha hecho ilusión saberlo xD. 

Voy a seguir un poco más con lo que he empezado a escribir esta mañana porque me ha resultado bastante sencillo y rápido de hacer, aunque dudo mucho que continúe mañana con esto (o quizá sí, y lo termine, ¿quién sabe?)

--- Relato --- 

- ¿Quién ha hablado? - preguntó, nervioso y asustado, al escuchar que la voz decía que había despertado. 
- Tranquilo, relájate. Llevas mucho tiempo soñando, tienes que recuperar fuerzas. - dijo una voz suave, femenina. 
- ¿Quién está ahí? - insistió, dando un paso hacia atrás. 
- Baja las luces, se está asustando. - dijo la voz con tono bajo. - Tranquilízate, no vamos a hacerte daño. 

Escuchó pasos que se acercaban hacia él y trató de buscar a la desesperada el pomo de la puerta, buscando una huida, pero no lo encontraba; la maldita luz impedía que pudiese ver nada con claridad, aunque ahora estaba menos potente. Se volvió de nuevo, listo para encararse con quien se le pusiera delante, tratando de distinguir formas y figuras, pero aún le era imposible. 

- ¡Atrás, no os acerquéis! - gritó, tratando de mostrarse peligroso. 
- No nos acercaremos, pero no te pongas nervioso. - insistió la voz femenina que no lograba ubicar. - Acabas de despertar y estás confuso, lo comprendemos. 
- ¿Qué quieres decir con que acabo de despertar? No comprendo nada. - replicó él, dejándose caer lentamente para acabar sentado en el suelo. 
- Estamos aquí, para ayudarte. Y para que nos ayudes, humano. - dijo una voz con tono masculino. 
- ¿Humano? - pensó, confuso. - ¿Qué queréis decir?

Poco a poco sus ojos se acostumbraron a la luz y pudo ver de nuevo. Al principio pequeños círculos luminosos, luego destellos incandescentes, poco a poco fueron muriendo en sus retinas para dar paso a imágenes reales. Imágenes reales que no comprendía, que no sabía entender. 

- ¿Qué diablos...? - susurró echándose hacia atrás asustado, pegándose por completo a la puerta. Al sentir el tacto de la madera alargó uno de los brazos hacia arriba buscando el pomo de la puerta, que por fin logró abrir. 
- Espera, por favor. - dijo la voz femenina con tono suave y cálido. - Nos necesitamos mutuamente - dijo la voz masculina. 

Se metió en la habitación a toda prisa, con el pulso acelerado y el corazón latiendo con fuerza en el pecho. Quiso gritar, pero fue un grito tan grande que no logró salir de su garganta.