martes, 25 de febrero de 2014

Delia en el país de la oligofrenia [5]

Cuando Ella se concentraba en hablar con ella ambas llegaban a un estado de autismo completo, ignorando completamente el mundo que las rodeaba sumiéndose en el propio. Delia no podía ver lo que sucedía en el mundo de Dalia, ni tampoco a la inversa, pero podían hablar con total claridad.

- Entonces, ¿qué clase de medicina quiere darte? – preguntó ella, con cierta curiosidad en la voz.
- No lo sé, pero no sé si quiero tomármela. No sé quién es y no me fío de ella, creo que sólo quiere engañarme – respondió Ella, tratando de adivinar dónde se encontraba ahora.
- No, creo que no deberías hacerlo. Pero tampoco deberías permanecer así demasiado rato, se está asustando. Si se asusta demasiado puedes tener problemas, y no queremos eso – replicó ella con voz segura.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó, sorprendida. - ¿Cómo puedes saber lo que está pasando en mi mundo, si ni yo puedo saberlo?
- No lo sé, pero lo siento. Es…extraño, como cuando te siento a ti pero no te veo.
- Sea como sea, creo que tienes razón. No debo hacerla esperar demasiado…creo que no es lo más recomendable – asintió lentamente con la cabeza.

La enfermera no pudo evitar dar un paso atrás cuando la vio asentir de manera repentina, preocupada por lo que pasaría a continuación. Esa paciente no estaba considerada como especialmente violenta, pero ya había atacado a algunas de las enfermeras que habían tratado de sacarla de ese estado de mutismo extremo. No quería ser la siguiente en la lista de agredidas por cometer semejante tontería.

- ¿D-d-delia? – tartamudeó, inquieta. Estaba más que nerviosa, estaba asustada. Pudo ver cómo poco a poco la mujer comenzaba a volver a un estado más consciente, y tragó saliva. – ¿Estás bien? – preguntó obligándose a dar un paso hacia adelante. A pesar de que pudiese tener miedo a ser atacada tenía que atenderla, era su trabajo.
- Lo estoy, sí – respondió Ella con total normalidad. – Pero…no quiero tomar esa medicación de la que habla, ya estoy más tranquila. Quiero que me responda las preguntas – habló con tono lento, sereno, pero mirándola fijamente a los ojos. La enfermera asintió, despacio, pasándose la lengua por los labios.
- Estás en…

DALIA:

Abrió los ojos de nuevo y descubrió que se encontraba una vez más en el jardín. Se acercó hacia la lata para ver a Araña, quería darle los buenos días, pero allí no estaba. El jardín entero parecía distinto, dormido, como si todos se hubiesen dormido muerto, o huido por algún motivo.      Quiso volver hacia la casa para buscar a Reloj, él sabría lo que había pasado, pero las puertas estaban cerradas: se había quedado atrapada encerrada en el condenado jardín, eso sí que la molestó. – Bueno, seguro que hay alguna salida por aquí – se dijo con tono tranquilo, sonriendo. Estaba totalmente segura de que daría con una forma de salir, por lo que avanzó.

En esa ocasión el jardín parecía mucho más grande y apagado que la última vez, y se sorprendió al ver unos grandes árboles que no había visto antes – Seguro que por ahí puedo echar un vistazo a cómo salir – se dijo, a medio camino de los árboles. Eran pinos, abedules y alcornoques. Grandes, robustos, oscuros… no estaba segura de que la corteza de esos árboles fuese tan oscura, pero no le dio mayor importancia.

- ¿Qué pretende hacer, señorita? – preguntó una voz sobre su cabeza, asustándola.
- ¿Quién ha hablado? – preguntó a su vez, levantando la mirada.

- Yo soy el búho – respondió, posándose en una rama cerca de ella. - ¿No sabes que trepar a los árboles es peligroso? Podría partirse una rama y podrías romperte el cuello. Seguro que, pese a todas las medidas que ha tomado, eso a Él no le haría ninguna gracia. – dijo el búho con indiferencia. – No, seguro que no le gustaría. Se ha tomado muchas molestias para hacer que te quedes aquí, con nosotros, sin poder salir. 

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