Miró al
búho con incredulidad y cierta ansiedad, ¿qué acababa de decirle? ¿Alguien se
había tomado muchas molestias en tenerla allí encerrada, con ellos? Las
preguntas se agolparon en su garganta y tuvo que hacer un auténtico esfuerzo
titánico para controlarse y poder hacerlas de manera ordenada; de lo contrario
no podría hacer ninguna coherente.
- ¿Quién se ha tomado tantas molestias para tenerme
aquí, búho? – preguntó con tono amable, paciente, sonriendo, mostrándose
agradable al… ¿animal? ¿Hombre? no podría definirlo.
- Bueno…no creo que a él le haga mucha gracia que yo
te vaya contando cosas, ¿sabes? ¡Ni siquiera sé cómo se llama! – replicó el
búho, mirándola con cierta curiosidad.
- Yo me llamo Delia – respondió ella mostrándole una
sonrisa amable, ahogando la necesidad de lanzarse
sobre él y estrangularlo mostrarse impaciente. Quitarle las plumas, una a una, y luego arrancarle la cabeza de un
mordisco. Enseñarle a esa rata con alas quién era la que mandaba allí, eso
sería suficiente.
- Es un placer conocerla, señorita Delia. ¿Qué hace
aquí, en nuestra humilde morada? – preguntó el búho con el mismo tono lento,
calmado, que la hacía ponerse nerviosa.
- Eso es lo que estoy intentando averiguar, señor
búho. No sé qué hago aquí, quién me ha traído o por qué, ni cómo puedo
marcharme. – Lo miró, esperando que el animal-hombre le diese algunas
explicaciones.
- Vaya, eso puede ser un problema. – Asintió el búho
mirándola con cierta curiosidad, girando la cabeza por completo. En la parte de
atrás, donde se supone que debería estar la nuca, había una cabeza negra de
pico alargado; un cuervo. – Un gran problema, para ti. Si no descubres las
pistas antes de tiempo…te quedarás aquí, para siempre. Él no te permitirá salir
de aquí, te quiere con nosotros. – Graznó el cuervo con voz chillona y
desagradable.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó con impaciencia, no
le había gustado esa “cara” de búho. - ¿Quién eres tú? ¡Quiero que me
respondas, AHORA! – gritó, desobedeciendo una de las estúpidas reglas de Reloj.
En ese momento no le importaban en absoluto las reglas de nadie, sólo quería
respuestas. Nadie le hacía caso, todos hablaban estupideces.
El grito no había sido una buena idea, y pudo
descubrirlo en cuanto se apagó. Algo se agitó en el jardín; las hojas de los
árboles temblaron y, durante un segundo, se giraron hacia ella mirándola…con odio malas intenciones. No sabía a qué
se debía todo aquello, pero les devolvió una mirada igual de agresiva. Cuando
el cuervo terminó de hacer girar la cabeza el búho volvió a mirarla con gesto
sereno, amable. Parecía estar preocupado de repente.
- Señorita Dalia, no debería usted gritar en el
jardín. Es una de las normas, sin duda Reloj se las ha explicado todas – dijo
con tono amable, reprimiéndola como si fuese una niña rebelde.
- ¡Me importan un cuerno las reglas! – exclamó ella,
mirando a búho desafiante. - ¡Sólo quiero saber qué diablos es este lugar, y
quiero saberlo ahora! ¡Todos me tratáis como a una niñita estúpida, y me he
cansado!
- No la trataríamos de esa manera si no se
comportase como tal, señorita Dalia. – Respondió búho con paciencia, mirándola
comprensivo. Eso la ponía más nerviosa aún.
- Está bien, lo siento – respondió, dolida y
avergonzada, tratando de calmarse. – Es sólo que no sé qué está pasando y estoy
poniéndome nerviosa. Quiero saber por qué estoy aquí, qué es este sitio, y cómo
marcharme. Quiero irme a mi casa, búho. Estoy segura de que tú podrás
entenderme.
- Claro que la comprendo, señorita Dalia, de verdad
– respondió búho mirando alrededor, como si vigilase que no hubiese nadie
espiando. – Pero no se preocupe, esa sensación se pasará pronto cuando todo se
haya acabado, y sea una más.
- ¿Una más? – repitió, confusa. – ¿Una más de qué,
búho?
- Una más de los nuestros, por supuesto. – Respondió
búho, volviendo a hacer girar el cuello 360º, dejando que cuervo la mirase con
superioridad y burla. – Lo mejor que podrías hacer es ir pensando en qué te
quieres convertir, niña. Nunca podrás salir de aquí, y todo el tiempo que lo
retrases no hará más que empeorar tu situación. Deberías aceptar mi consejo.
- ¿Qué? – preguntó, estupefacta, incrédula.
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