viernes, 21 de febrero de 2014

Delia en el país de la oligofrenia [1]

¡Nuevo relato! Quiero agradecer a la protagonista su colaboración y consentimiento xD espero que os guste. 


DELIA:

    Caminó por el jardín, admirándolo. Pudo oler la fragancia de las flores, pudo sentir el frescor de la hierba. Durante un breve instante pudo sentirse libre no podía pronunciar en voz alta esa palabra, era una palabra prohibida. Había muchas palabras prohibidas, en realidad, pero aquella era una de las dos que le dolía no poder pronunciar. Libertad y amor eran las dos palabras que más echaba en falta desde que había llegado a aquél lugar. ¿Y cómo diablos había llegado hasta allí? No lo sabía. Sin duda Ella debía haber sido quien las llevase hasta allí mientras ella, la ella actual, estaba dormida ausente. ¿Y qué demonios era aquél lugar? No lo sabía, apenas podía pasear por allí y fijarse en los detalles antes de volver a quedar dormida ausente hasta la próxima vez que Ella quedase dormida ausente, permitiéndole a ella poder volver a despertar ser consciente de lo que sucedía a su alrededor. Amor, amor repiqueteaba en su cabeza, amenazando con enloquecerla. ¿Por qué esa maldita palabra rebotaba una y otra vez, luchando por salir? Debía tener un recuerdo relacionado con esa palabra, pero Reloj había sido muy tajante con ese tema: nada de pronunciar las palabras prohibidas. Por lo demás era completamente libre capaz de hacer cuanto quisiera en aquél lugar, siempre y cuando no matase dañase a ninguna criatura viva, ni tampoco a algunas de las no vivas que también sentían dolor.

- ¿Por qué dolor no es una palabra prohibida? – le preguntó a Reloj, mirándolo con curiosidad.
- Porque el dolor es parte de la vida, siempre está presente con nosotros. Por eso debemos ser conscientes de su existencia.
- Pero el amor también es parte de la vida – insistió, mirándolo. Era una palabra prohibida y no podía pronunciarla, pero Reloj no había dicho nada de pensarla.
- ¡No pronuncies la palabra! – le gritó, enfurecido. Las palabras prohibidas siempre le provocaban una ira incontenible, ¿por qué? Siempre quiso preguntárselo, pero no se había atrevido.

Se marchó por el pasillo a toda prisa, dejándola sola. ¿Y dónde estaba Ella ahora? No lo sabía, tampoco. Sentía que le faltaba algo, algo más aparte de Ella, pero no podía recordarlo. No podía recordar nada de lo que había pasado antes de que despertase allí, nunca lo recordaba. - ¿Pero cómo puedes saber que nunca recuerdas el pasado, si no recuerdas que existe un pasado? – le preguntó Ella en una ocasión – Eso es fácil – respondió ella – En algún momento concreto debí llegar hasta aquí. No pude aparecer de la nada, como si brotase como un árbol – dijo con tono paciente – Pero tal vez sí, yo tampoco recuerdo nada cuando no estoy dormida ausente, ¿sabes? – dijo Ella, con paciencia.

Caminó por el jardín con paso lento, inseguro. Algo estaba pasando, algo malo, pero no sabía qué. Allí todo era diferente, ¿pero diferente de qué? No lo sabía, no tenía ninguna referencia de cómo debían ser las cosas en otro lugar, por lo que aquellas cosas no eran diferentes, sino normales…o al menos eso creía ella. La ella real, la ella que no estaba dormida ausente y que, a veces, le hablaba desde la propia mente. A veces mantenían conversaciones sin abrir los labios, y ella se reía con los chistes y las bromas. ¿Era feliz? No lo sabía, ya que felicidad era otra palabra prohibida, por lo que no sabía su significado.

- Este lugar es extraño, y oscuro. Da miedo porque no es alegre, a veces desearía estar en tu mundo, contigo. ¿Por qué estamos en lugares distintos? No es justo, este lugar me aburre, no me gusta. Yo quiero volver a…no lo sé. Pero no quiero estar aquí.

Había intentado hablar con Reloj, la única criatura viva que le prestaba atención, para descubrir dónde estaba exactamente.

- Estás aquí, y aquí estás tú. No es difícil de comprender, ¿verdad? – preguntó Reloj, con paciencia.
- Pero, ¿y cómo puedo llegar allí? – preguntó, pronunciando sin voz la palabra prohibida.
- ¡No hay ningún…! – exclamó Reloj, sin atreverse siquiera a pensar en una palabra prohibida - ¡Tú estás aquí, y aquí estás tú! No necesitas saber nada más para vivir. Sólo limítate a cumplir las reglas y no hagas enfadar a…
- ¿A quién, Reloj? ¿A quién no debo enfadar? – preguntó ella, mirándolo fijamente.


Reloj volvió a alejarse por el pasillo, sumido en su mundo interior; lleno de dudas y de miedo. Debían estar en una especie de prisión, o algo similar. 

2 comentarios:

  1. Hey, 1° soy Delia xD me ha encantao!!! Mil gracias por ponerle mi nombre a la protagonista de este pedazo de relato! Gracias gracias !! ha sido una pasada! Muy bueno!

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    1. Se agradece el comentario y la visita :P mañana continúan las aventuras xD. Delia conoce a Araña

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