DELIA:
Caminó por
el jardín, admirándolo. Pudo oler la fragancia de las flores, pudo sentir el
frescor de la hierba. Durante un breve instante pudo sentirse libre no podía pronunciar en voz alta
esa palabra, era una palabra prohibida. Había muchas palabras prohibidas, en
realidad, pero aquella era una de las dos que le dolía no poder pronunciar. Libertad y amor eran las dos palabras que más echaba en falta desde que había
llegado a aquél lugar. ¿Y cómo diablos había llegado hasta allí? No lo sabía.
Sin duda Ella debía haber sido quien las llevase hasta allí mientras ella, la
ella actual, estaba dormida ausente.
¿Y qué demonios era aquél lugar? No lo sabía, apenas podía pasear por allí y
fijarse en los detalles antes de volver a quedar dormida ausente hasta la próxima vez que Ella quedase dormida ausente, permitiéndole a ella
poder volver a despertar ser
consciente de lo que sucedía a su alrededor. Amor, amor repiqueteaba en su cabeza, amenazando con enloquecerla.
¿Por qué esa maldita palabra rebotaba una y otra vez, luchando por salir? Debía
tener un recuerdo relacionado con esa palabra, pero Reloj había sido muy
tajante con ese tema: nada de pronunciar las palabras prohibidas. Por lo demás
era completamente libre capaz de
hacer cuanto quisiera en aquél lugar, siempre y cuando no matase dañase a ninguna criatura viva, ni tampoco a algunas de las
no vivas que también sentían dolor.
- ¿Por qué dolor no es una palabra prohibida? – le
preguntó a Reloj, mirándolo con curiosidad.
- Porque el dolor es parte de la vida, siempre está
presente con nosotros. Por eso debemos ser conscientes de su existencia.
- Pero el amor
también es parte de la vida – insistió, mirándolo. Era una palabra
prohibida y no podía pronunciarla, pero Reloj no había dicho nada de pensarla.
- ¡No pronuncies la palabra! – le gritó, enfurecido.
Las palabras prohibidas siempre le provocaban una ira incontenible, ¿por qué?
Siempre quiso preguntárselo, pero no se había atrevido.
Se marchó por el pasillo a toda prisa, dejándola
sola. ¿Y dónde estaba Ella ahora? No lo sabía, tampoco. Sentía que le faltaba
algo, algo más aparte de Ella, pero no podía recordarlo. No podía recordar nada
de lo que había pasado antes de que despertase allí, nunca lo recordaba. - ¿Pero cómo puedes saber que nunca recuerdas
el pasado, si no recuerdas que existe un pasado? – le preguntó Ella en una
ocasión – Eso es fácil – respondió ella – En algún momento concreto debí llegar
hasta aquí. No pude aparecer de la nada, como si brotase como un árbol – dijo
con tono paciente – Pero tal vez sí, yo
tampoco recuerdo nada cuando no estoy dormida ausente, ¿sabes? – dijo Ella, con paciencia.
Caminó por el jardín con paso lento, inseguro. Algo
estaba pasando, algo malo, pero no sabía qué. Allí todo era diferente, ¿pero
diferente de qué? No lo sabía, no tenía ninguna referencia de cómo debían ser
las cosas en otro lugar, por lo que aquellas cosas no eran diferentes, sino
normales…o al menos eso creía ella. La ella real, la ella que no estaba dormida ausente y que, a veces, le
hablaba desde la propia mente. A veces mantenían conversaciones sin abrir los
labios, y ella se reía con los chistes y las bromas. ¿Era feliz? No lo sabía, ya que felicidad
era otra palabra prohibida, por lo que no sabía su significado.
- Este lugar es extraño, y oscuro. Da miedo porque
no es alegre, a veces desearía estar
en tu mundo, contigo. ¿Por qué estamos en lugares distintos? No es justo, este
lugar me aburre, no me gusta. Yo quiero volver a…no lo sé. Pero no quiero estar
aquí.
Había intentado hablar con Reloj, la única criatura
viva que le prestaba atención, para descubrir dónde estaba exactamente.
- Estás aquí, y aquí estás tú. No es difícil de
comprender, ¿verdad? – preguntó Reloj, con paciencia.
- Pero, ¿y cómo puedo llegar allí? – preguntó, pronunciando sin voz la palabra prohibida.
- ¡No hay ningún…! – exclamó Reloj, sin atreverse
siquiera a pensar en una palabra prohibida - ¡Tú estás aquí, y aquí estás tú!
No necesitas saber nada más para vivir. Sólo limítate a cumplir las reglas y no
hagas enfadar a…
- ¿A quién, Reloj? ¿A quién no debo enfadar? –
preguntó ella, mirándolo fijamente.
Reloj volvió a alejarse por el pasillo, sumido en su
mundo interior; lleno de dudas y de miedo. Debían estar en una especie de
prisión, o algo similar.
Hey, 1° soy Delia xD me ha encantao!!! Mil gracias por ponerle mi nombre a la protagonista de este pedazo de relato! Gracias gracias !! ha sido una pasada! Muy bueno!
ResponderEliminarSe agradece el comentario y la visita :P mañana continúan las aventuras xD. Delia conoce a Araña
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