Permaneció
en silencio, bajo la sombra del porche, tratando de recuperar el ritmo de la
respiración y que bajase su pulso. Las últimas palabras de Oliver habían sonado
tan seguras y tan cerca que casi pudo sentir el aliento de la criatura en su
nuca; por un momento estuvo segura de que estaba tras ella.
Afortunadamente Oliver se había marchado, harto de
buscar, y la normalidad había ido volviendo lentamente al jardín; las criaturas
vivas habían empezado a salir de nuevo y las no vivas empezaron a “relajarse”
poco a poco, sin embargo ella no podría intentar fingir una normalidad: si Rata
tenía razón no podría fiarse de nadie ahí fuera, claro que eso también
implicaba que no podría fiarse de Rata. Tenía un lío demasiado grande en su
cabeza como para poder pensar con claridad.
- ¿Estás ahí? –
preguntó, deseando que Ella respondiese. La necesitaba.
- ¿Ya se ha
marchado? – preguntó a su vez, con voz creciente.
- Sí, creo que
sí. Se llama Oliver, y es el rey de la oligofrenia…o eso me han dicho. –
respondió ella.
- Sea quien
sea, no te conviene estar cerca cuando aparezca. No quiere nada bueno de ti.
- Esa es la
sensación que me ha dado. – aseguró ella, comenzando a calmarse. – Pero, ¿por qué? Yo no le he hecho nada malo,
no sé por qué quiere hacerme daño.
-
No creo que podamos saberlo pronto. Creo que lo mejor es que salgas de ahí
abajo, no sé si está a salvo.
- Aquí fue el
único lugar donde me sentí segura cuando él apareció, pero ahora no lo estoy
tanto. Es como si algo me estuviese mirando… - la voz era apenas un hilo,
casi inaudible, a causa del miedo; si bien era cierto que se había sentido
segura en la oscuridad mientras Oliver rondaba por el jardín, ahora necesitaba
desesperadamente volver a la luz. ¿Quizá sería por lo que Rata había dicho de
que la luz y la oscuridad tienen dos caras opuestas, pero que eran la misma
cosa? Era posible; Rata le había dado varias respuestas, pero no todas las que
ella quería.
- Entonces no
pierdas el tiempo planteándote enigmas de dualidades, y sal de una vez. Es
mejor que te dé un poco la luz. – respondió Ella, sacándola de la
ensoñación.
Hizo caso
del consejo y no perdió el tiempo en salir de su escondrijo. Se arrastró con
rapidez hacia la luz convencida de que una
criatura la atraparía antes de que pudiese escapar era la mejor opción que
podía tomar. Quizá debiese hablar con Reloj para contarle parte de su pequeña
odisea pero no se podía fiar de Reloj
ahora, porque Reloj tenía demasiado miedo de Oliver como para ayudarle seguro
que se enfadaba por haber hecho que
Oliver viniese al jardín roto las normas.
Caminó hacia el interior de la casa, harta ya del
jardín y de esas criaturas que esperaban
en silencio a que cometiese un error sus extravagancias. En la casa podría
pensar en lo que había sucedido y podría intentar buscar mentiras respuestas pintadas
de verdad.
- ¿Reloj? – llamó, en la puerta de entrada sin
atreverse a abrir. ¿Y si Reloj estaba realmente trabajando para Oliver, listo para traicionarte en cuanto tenga la
oportunidad enfadado y no quería hablar con ella nunca más? Podría incluso
negarle la entrada a la casa dejándola
sola para siempre por haber roto las normas. - ¿Re…loj? – susurró, llevando
una mano hacia el pomo tímidamente.
Sin que
ella accionase el mecanismo el picaporte giró y la puerta se abrió. Se preparó
para ver alguna criatura salida de sus
pesadillas nueva y extravagante figura, pero se trataba de Reloj. Tragó
saliva mirándolo fijamente, esperando a que dijese algo.
- ¿Qué haces ahí fuera? – preguntó con su tono
habitual, no parecía enfadado en absoluto.
- Yo…sólo quería tomar un poco el aire. – respondió
ella encogiéndose de hombros. – Creo que
ni siquiera sabe lo que ha pasado. – pensó, convencida.
- Quizá el
jardín y la casa estén separadas. – dijo Ella.
- Anda, pasa. – dijo Reloj, pasando al interior.
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