viernes, 7 de marzo de 2014

Delia en el país de la oligofrenia [13]

    Permaneció en silencio, bajo la sombra del porche, tratando de recuperar el ritmo de la respiración y que bajase su pulso. Las últimas palabras de Oliver habían sonado tan seguras y tan cerca que casi pudo sentir el aliento de la criatura en su nuca; por un momento estuvo segura de que estaba tras ella.
Afortunadamente Oliver se había marchado, harto de buscar, y la normalidad había ido volviendo lentamente al jardín; las criaturas vivas habían empezado a salir de nuevo y las no vivas empezaron a “relajarse” poco a poco, sin embargo ella no podría intentar fingir una normalidad: si Rata tenía razón no podría fiarse de nadie ahí fuera, claro que eso también implicaba que no podría fiarse de Rata. Tenía un lío demasiado grande en su cabeza como para poder pensar con claridad.

- ¿Estás ahí? – preguntó, deseando que Ella respondiese. La necesitaba.
- ¿Ya se ha marchado? – preguntó a su vez, con voz creciente.
- Sí, creo que sí. Se llama Oliver, y es el rey de la oligofrenia…o eso me han dicho. – respondió ella.
- Sea quien sea, no te conviene estar cerca cuando aparezca. No quiere nada bueno de ti.
- Esa es la sensación que me ha dado. – aseguró ella, comenzando a calmarse. – Pero, ¿por qué? Yo no le he hecho nada malo, no sé por qué quiere hacerme daño.
- No creo que podamos saberlo pronto. Creo que lo mejor es que salgas de ahí abajo, no sé si está a salvo.
- Aquí fue el único lugar donde me sentí segura cuando él apareció, pero ahora no lo estoy tanto. Es como si algo me estuviese mirando… - la voz era apenas un hilo, casi inaudible, a causa del miedo; si bien era cierto que se había sentido segura en la oscuridad mientras Oliver rondaba por el jardín, ahora necesitaba desesperadamente volver a la luz. ¿Quizá sería por lo que Rata había dicho de que la luz y la oscuridad tienen dos caras opuestas, pero que eran la misma cosa? Era posible; Rata le había dado varias respuestas, pero no todas las que ella quería.
- Entonces no pierdas el tiempo planteándote enigmas de dualidades, y sal de una vez. Es mejor que te dé un poco la luz. – respondió Ella, sacándola de la ensoñación.

    Hizo caso del consejo y no perdió el tiempo en salir de su escondrijo. Se arrastró con rapidez hacia la luz convencida de que una criatura la atraparía antes de que pudiese escapar era la mejor opción que podía tomar. Quizá debiese hablar con Reloj para contarle parte de su pequeña odisea pero no se podía fiar de Reloj ahora, porque Reloj tenía demasiado miedo de Oliver como para ayudarle seguro que se enfadaba por haber hecho que Oliver viniese al jardín roto las normas.
Caminó hacia el interior de la casa, harta ya del jardín y de esas criaturas que esperaban en silencio a que cometiese un error sus extravagancias. En la casa podría pensar en lo que había sucedido y podría intentar buscar mentiras respuestas pintadas de verdad.

- ¿Reloj? – llamó, en la puerta de entrada sin atreverse a abrir. ¿Y si Reloj estaba realmente trabajando para Oliver, listo para traicionarte en cuanto tenga la oportunidad enfadado y no quería hablar con ella nunca más? Podría incluso negarle la entrada a la casa dejándola sola para siempre por haber roto las normas. - ¿Re…loj? – susurró, llevando una mano hacia el pomo tímidamente.

    Sin que ella accionase el mecanismo el picaporte giró y la puerta se abrió. Se preparó para ver alguna criatura salida de sus pesadillas nueva y extravagante figura, pero se trataba de Reloj. Tragó saliva mirándolo fijamente, esperando a que dijese algo.

- ¿Qué haces ahí fuera? – preguntó con su tono habitual, no parecía enfadado en absoluto.
- Yo…sólo quería tomar un poco el aire. – respondió ella encogiéndose de hombros. – Creo que ni siquiera sabe lo que ha pasado. – pensó, convencida.
- Quizá el jardín y la casa estén separadas. – dijo Ella.

- Anda, pasa. – dijo Reloj, pasando al interior. 

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