- ¿Me ha
desarmado cuanto ha podido para evitar que me enfrente a él? – se dijo en
pensamientos, dubitativa. No podía creer todo lo que Gato acababa de decirle,
aunque sonase demasiado convincente.
- ¿De qué
hablas? – preguntó Ella con curiosidad, atenta a las palabras que ella se
decía a sí misma.
- Al parecer
no sólo somos gemelas, sino que ese tal Oliver me ha robado el amor para que no
pueda enfrentarme a él. – respondió tras un instante de duda. Quería hablar
consigo misma, sin que nadie se entrometiese en sus pensamientos, pero Ella
había preguntado.
- ¿Tú que
crees? – preguntó Ella sin hacer caso del tono de ella.
- No lo sé,
ése es el problema. – suspiró. – Todo
suena muy real y ellos parecen creer lo que dicen… ¿pero y si nada de esto es
real? ¿Y si todo no es más que una simple pesadilla?
- ¿A ti te lo
parece? – preguntó demasiado deprisa.
- No, no me lo
parece. ¿Pero cómo puedo explicar que esté hablando contigo, si estás en otro
mundo? Tú crees que eres real tanto como yo, así que ¿cuál es la real y cuál la
imaginación? Todo esto es tan real para mí como para ti, y eso me confunde. –
replicó ella, poniéndose de mal humor.
- Tal vez los
dos mundos sean reales, o los dos inventados. – respondió Ella con tono
tranquilo. – Podría ser, ¿no? Ambas
tenemos la sensación de estar en el lugar real, ¿por qué una iba a estar
equivocada?
- ¿Tú también
te lo crees? – preguntó ella negando con la cabeza suavemente, indecisa.
- No he dicho
que me lo crea, sólo digo que es una posibilidad que deberías tener en cuenta.
De todas formas creo que da igual que este sitio sea real o no, creo que lo
importante ahora es que decidas qué vas a hacer. ¿Vas a enfrentarte a Oliver? –
no pudo evitar sonar un tanto áspera, directa.
- ¿Por qué
todos os empeñáis en que me enfrente a ese tipo? – preguntó ella a su vez,
cansada.
- Porque eres
tú la única que está en disposición de hacerlo. Creo que yo puedo ayudarte de
vez en cuando, pero no puedo enfrentarme a nadie de ese mundo porque yo también
estoy encerrada en el mío. Y ellos, los que te acompañan, no parecen ser muy
capaces de enfrentarse a nadie. – respondió Ella usando de nuevo un tono
suave y amigable. – Sólo depende de ti el
que acabes con ese dictador extraño, quizá así puedas resolver todo este asunto
y que volvamos al mundo real…si es que existe alguno.
Escuchó
las palabras de Ella con total atención, esperando exactamente esa respuesta
sin querer oírla. Todo se reducía a eso, a pelear. No es que ella fuese de
naturaleza violenta, le gustaba pensar que era todo lo contrario, pero no podía
negar que de vez en cuando sentía el deseo imparable de hacer daño a la gente;
fuese por miedo, por rabia o porque no tenía más opciones.
Cerró los
ojos frotándose las sienes, tratando de evadirse de los dos malditos mundos.
Sólo necesitaba un segundo de paz para poder pensar con tranquilidad, si tenía
que tomar una opción de las dos que le habían dado quería al menos pensárselo
bien para no arrepentirse.
Finalmente
llegó a una conclusión y se sintió en calma. Abrió lentamente los ojos,
desconectándose de Ella y sus palabras, y miró fijamente a Gato, Rata y
Cucaracha. Ellos miraban en un silencio que rayaba el fanatismo religioso,
expectantes a lo que ella hiciese o estuviese a punto de decir; sentían que,
por fin, iban a obtener una respuesta. Con suerte sería la respuesta que ellos
querían oír.
- ¿Y bien? – preguntó Cucaracha rompiendo el
silencio, incapaz de continuar con la boca cerrada.
- Lo haré. – respondió ella, decidida. – Me
enfrentaré a Oliver y le haré lamentarse de habernos encerrado a todos aquí.
Todos se
sintieron contentos con la respuesta, y asintieron despacio. Rata y Cucaracha
se alejaron de ella, habían dicho que iban a buscar algo que darle; algo que,
según habían dicho, le gustaría mucho. Algo afilado, la idea le gustaba.
- Gato. – llamó con voz suave.
- ¿Sí? – preguntó, mirándola de medio lado.
- Si derrotamos a Oliver… ¿podremos volver al mundo
real? – preguntó con miedo de la respuesta.
- No lo sé. – respondió Gato con tono serio. – Nadie
le ha plantado cara hasta ahora.